28 Agosto

LUCHAS E INTRIGAS

(Dn. 11:17)

No contento con tener el control de Palestina, Antíoco III ambicionó conquistar a Egipto. Con eso en mente, declara Daniel, “Afirmará…su rostro para venir con el poder de todo su reino” (v.17a). Eso lo hizo en el año 197 a.C., aunque no logró lo que quiso porque los romanos se cercioraron de sus intenciones e intervinieron para impedirlo. Ellos no querían que Antíoco tuviera más poder de lo que ya tenía; tampoco estaban dispuestos a ver las rutas marítimas estorbadas por Antíoco, porque los romanos importaban cuantiosas cantidades de granos de Egipto por barco para alimentar a su población.

No pudiendo avanzar militarmente, Antíoco decidió usar la diplomacia para ganar el control del reino de Egipto. Para ello, hizo un convenio con Ptolomeo V por medio del cual le dio a su hija en matrimonio. Su nombre era Cleopatra . En ese momento, Ptolomeo era menor de edad, como también lo era la hija de Antíoco. El v.17 la describe como “una hija de mujeres”, porque en esa fecha ella aún estaba bajo el tutelaje de su madre y su abuela. Otra interpretación de la frase “hija de mujeres” es que se trata de un modismo hebreo que apunta a la gran belleza o feminidad de Cleopatra. De todos modos, el acuerdo matrimonial se estableció en 197 a.C., aunque el matrimonio no se llevó a cabo hasta el año 193 a.C., cuando Ptolomeo tenía unos dieciséis años.

La dote que Antíoco ofreció a Ptolomeo fue la renta de los impuestos de Celesiria , Fenicia y Palestina; una dote que nunca pagó completamente porque siempre descontaba parte de los impuestos para cubrir gastos administrativos. Aunque Antíoco pretendió que dicho matrimonio consolidaría la paz entre los dos reinos, Daniel indica que la verdadera motivación por dar a su hija en matrimonio a Ptolomeo V fue “para destruirle” (v.17b). Antíoco esperaba que por medio de su hija, él pudiera controlar o por lo menos influenciar a Ptolomeo, pero su estrategia no funcionó porque como veremos en un momento Cleopatra decidió ser una esposa fiel y no traicionar a Ptolomeo.

REFLEXIÓN

Es triste saber que un padre daría a su hija en matrimonio, aun siendo ella menor de edad, solo por motivos políticos y sin tomar en cuenta los deseos de su hija. Lo rescatable es que Cleopatra decidió ser fiel a Ptolomeo, dejando un buen ejemplo a todas las mujeres.

Antes de casarse, una mujer debe ser leal a sus padres; pero luego de contraer matrimonio, su primera lealtad es hacia su esposo. Los que son casados, sean mujeres u hombres, deben tomar un momento para analizar sus respectivas lealtades hacia sus padres y cónyuges.

Algunas versiones de la Biblia traducen la palabra, “convenios”, usando la palabra “pacto”. Por ejemplo, la Reina Valera Contemporánea traduce, “hará un pacto con el rey del sur”. El inconveniente con esa traducción es que trae a la mente la frase, “Y por otra semana confirmará el pacto con muchos” (Dn. 9:27), dando pie a la idea que el pacto que Daniel menciona en el capítulo nueve es algo que el Anticristo hará, puesto que Antíoco es una sombra del Anticristo. Como ya hemos notado en nuestro estudio de Daniel 9:27, la palabra en hebreo para “pacto” en ese versículo es ‘berit’, mientras que la frase aquí en el v.17 es ‘asah yashar’, que significa “hacer lo recto” o “hacer un convenio”.

La Biblia no solo predice el sorprendente acuerdo entre Antíoco y Ptolomeo sino que afirma categóricamente: “no permanecerá, ni tendrá éxito” (v.17c). Como notamos anteriormente, el plan fracasó por la lealtad que Cleopatra mostró hacia Ptolomeo en lugar de apoyar los planes de su padre. Un ejemplo de ello fue cuando Cleopatra acompañó a su esposo en un viaje a Roma con el propósito de felicitar a los romanos por haber derrotado a su padre, Antíoco III, en una batalla. La Biblia de las Américas traduce la frase al fin del v.17 en la siguiente manera: “ella no le respaldará ni se pondrá a su lado”, refiriéndose a la lealtad de Cleopatra hacia Ptolomeo y su negativa de promover los deseos de su padre, Antíoco.

REFLEXIÓN

La Palabra de Dios afirma que las cosas de este mundo, sean riquezas, poder o placeres carnales, pasarán (1 Jn. 2:15-17). Por consiguiente, no debemos poner nuestra mirada en ellas o ponerlas como una prioridad en nuestras vidas. La historia está llena de ejemplos de vidas destruidas por la búsqueda implacable de las cosas de este mundo. Dios nos ayude a reflexionar sobre este tema y asegurar que nuestros corazones estén dominados por el amor a Dios.

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