25 Agosto

LA IMPORTANCIA DE CREER EN DIOS

(Dn. 11:13-14)

A corto plazo los judíos lograron lo que querían y fueron favorecidos por Antíoco III, tal como lo describe Josefo en las siguientes palabras tomadas de una carta escrita por Antíoco III:

“Puesto que los judíos, así que penetramos dentro de sus límites, nos manifestaron su buena voluntad, y nos recibieron espléndidamente dentro de su ciudad, nos salieron a recibir con su senado, y nos proveyeron abundantemente de todo, para nosotros y nuestros soldados, y nos prestaron su ayuda para eliminar a la guarnición egipcia establecida en la ciudadela; por todo esto, nos ha parecido conveniente recompensarlos, refaccionar su ciudad arruinada por los azares propios de las guerras y repoblarla, haciendo reingresar a los ciudadanos dispersos. Y ante todo decretamos proveer lo perteneciente a la religión, suministrándoles los animales necesarios para ser sacrificados, así como vino, aceite e incienso por valor de veinte mil dracmas…Quiero que todo esto se les entregue, de acuerdo con lo ordenado; que se refaccione el Templo, los pórticos y cualquier otra parte que convenga arreglar. Utilícese para ello material de Judea, de otras regiones y del Líbano, y no se les imponga ningún tributo por ello. Lo mismo digo en lo referente al embellecimiento del Templo. Que los hombres de esta raza vivan de acuerdo con sus leyes paternas; que el senado, los sacerdotes, los escribas del Templo y los cantores sagrados sean exceptuados de los impuestos que les tocara por cabeza, del impuesto de la corona y de otros tributos. Y a fin de que la ciudad se pueble lo más rápidamente posible, otorgo a los que ahora habitan en ella, y a los que emigraran a la misma hasta el mes de hiperbereteo, exención de impuestos durante un trienio. Y en adelante, los eximimos de una tercera parte de los impuestos, a fin de resarcirlos de los daños sufridos; también ordenamos que sean dejados en libertad los que fueron sacados de la ciudad y puestos en esclavitud, ellos y sus hijos, y que se les devuelvan sus bienes.”

Todo esto suena muy positivo; sin embargo, la verdad es que muchos judíos sufrieron por la decisión que tomaron de apoyarle a Antíoco III, porque la mayoría de los que ofrecieron luchar con su ejército murieron en los combates contra las fuerzas egipcias. En su supuesto afán de lograr el cumplimiento de la “visión” de Dios se olvidaron de lo que Daniel había predicho en este pasaje: los que apoyaran a Antíoco III, “caerán” (v.14b).

REFLEXIÓN

Dios en Su Palabra nos advierte de muchos peligros porque nos ama y no quiere que suframos. El problema es que muchas veces, al igual que estos “hombres turbulentos”, no hacemos caso a Su Palabra. Sería sabio aprender de la experiencia de los judíos incrédulos, quienes por no confiar en la Palabra de Dios se entregaron a una muerte segura. Dios es más sabio y poderoso que nosotros; lo que Él ha dicho pasará. Por lo tanto, hagamos caso a Su palabra y desistamos de ir en contra de ella.

En Hechos 27, Pablo nos ofrece un buen ejemplo a seguir. En medio de la tormenta él continuó creyendo en Dios y confiando en Él (Hch. 27:22-26 y 33-36). La visión que Dios le dio (Hch. 27:23-24) se cumplió para la gloria del Señor y la evangelización de la isla de Malta (Hch. 28:8-10). ¿Nos ha dado Dios alguna visión? ¿Estamos confiando en Él para su cumplimiento?

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