22 Agosto

LA VIOLENCIA ENGENDRA VIOLENCIA

(Dn. 11:7-9)

Los vv.5-35 de este capítulo son una profecía tan detallada de los eventos que ocurrieron entre los años 305 a.C. y 164 a.C. que los teólogos liberales afirman que fue escrita luego de los hechos por una persona que vivió en el segundo siglo antes de Cristo y que pretendió ser Daniel. Sin embargo, para los que creemos que la historia humana está bajo el control de Dios y que Él obra en toda la historia conforme a Sus propósitos, no es ningún problema aceptar que estas palabras son proféticas. Más bien, entendemos que Dios en Su gracia dio a Su pueblo una serie de profecías muy detalladas para que durante los 400 años de silencio profético los judíos tuvieran confirmaciones continuas de la soberanía de Dios sobre la historia humana. El cumplimiento de estas profecías, a partir de la muerte súbita de Alejandro Magno, brindó a los judíos claras evidencias de que Jehová estaba obrando a favor de ellos, a pesar del silencio que guardó después del ministerio de Malaquías.

REFLEXIÓN

Dios se revela tanto en la palabra profética como en el cumplimiento de la palabra profética. En nuestros tiempos, Dios habla mayormente por medio del cumplimiento de Su palabra profética. ¿Estamos escuchando Su voz? ¿Estamos entendiendo lo que Dios está haciendo en la historia de este mundo? Si no es así, pidamos a Dios entendimiento espiritual para que no perdamos la bendición de escuchar Su voz hablando a través de los titulares de nuestros periódicos y noticieros.

Luego de la muerte de Ptolomeo II, su hijo Ptolomeo Evergetes, el hermano de Berenice, heredó el trono de Egipto tal como dice el v.7a, “Pero un renuevo de sus raíces se levantará sobre su trono”. Indignado por la muerte de su hermana y sobrino, Ptolomeo III reunió un enorme ejército y atacó a Seléuco II Calínico , el hijo de Laodicea. Seléuco II fue el que heredó el trono de su padre Antíoco II en lugar del hijo de Berenice, que murió juntamente con su madre cuando Laodicea se vengó de ellos (ver v.6).

Las palabras, “y vendrá con ejército contra el rey del norte, y entrará en la fortaleza, y hará en ellos a su arbitrio y predominará” (v.7b), se cumplieron cuando Ptolomeo III invadió Siria, conquistó la fortaleza de Seleucia y llegó hasta Babilonia, tomando las ciudades más importantes de Seléuco II. Durante esa invasión, Ptolomeo III capturó y ejecutó a Laodicea, quien se había refugiado en la ciudad de Antioquía. El rey del norte había “sembrado el viento” y “cosechó un torbellino” (Os. 8:7).

Cuando Ptolomeo III volvió a Egipto, llevó consigo una enorme cantidad de dinero y artefactos religiosos, incluyendo muchas imágenes de ídolos hurtados de los templos que saqueó. El comentarista Adam Clarke afirma que retornó con 40,000 talentos de plata y unas 2,500 piezas de oro. De ese modo se cumplió lo predicho por Daniel en el v.8, “Y aun a los dioses de ellos, sus imágenes fundidas y sus objetos preciosos de plata y de oro, llevará cautivos a Egipto”. Entre las obras de arte que Ptolomeo III consiguió durante su invasión del reino de Seléuco II habían muchos objetos sagrados que los persas robaron de los egipcios en el año 525 a.C. cuando Cambises II invadió Egipto. Ptolomeo III devolvió estos objetos sagrados a sus respectivos templos en Egipto, ganándose el título de “Evergetes” que significa, el “Benefactor”.

Durante el reinado de Ptolomeo III, el poder de Egipto llegó a su máxima expresión y dominó por completo el reino de Seléuco II, como afirma Daniel, diciendo: “y por años se mantendrá él contra el rey del norte” (v.8b). Uno de los logros de Ptolomeo III fue establecer el dominio de la flota egipcia sobre el Mar Mediterráneo, lo que le ayudó a consolidar su poder sobre Seléuco II.

La RV traduce el v.9 en la siguiente manera: “Así entrará en el reino el rey del sur, y volverá a su tierra”. Sin embargo, según Evis Carballosa, una mejor traducción del texto original sería: “Y uno vendrá contra el reino del rey del sur, pero él regresará a su tierra”. La Biblia de las Américas traduce así: “Y éste entrará en el reino del rey del sur, y luego se volverá a su tierra”. Esta traducción del v.9 indica que Seléuco II intentó invadir a Egipto para recuperar un poco de lo que perdió, sin embargo no tuvo éxito. La historia nos informa que en el año 240 a.C. Seléuco II envió un ejército contra Egipto que fue destruido por una tormenta en alta mar. A consecuencia de este desastre, Seléuco II sufrió una gran derrota que le hizo volver a su tierra avergonzado.

REFLEXIÓN

Todas estas maquinaciones políticas y militares nos enseñan una lección muy importante: los mejores planes de los hombres fracasan porque el ser humano es por naturaleza egoísta, voluble y vengativo. Si queremos tener éxito en la vida debemos aprender a confiar en Dios, no en nosotros mismo, y encomendar nuestras actividades a Dios en oración. Como dice el profeta Jeremías, “Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo… Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová” (Jer. 17:5, 7). Seamos honestos, ¿en quién estamos confiando para tener éxito en la vida?

Daniel no nos dice en qué manera los conflictos entre los Ptolomeos y los Seléucidas afectaron al pueblo de Dios. De algún modo tuvo que haberlo hecho, sin embargo el silencio que guarda Daniel al respecto indica que Dios protegió a Su pueblo. Seguramente se cumplió en ellos lo que Dios dijo por medio del profeta Isaías:

“Anda, pueblo Mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignación. Porque he aquí que Jehová sale de Su lugar para castigar al morador de la tierra por su maldad contra Él; y la tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella, y no encubrirá más sus muertos”.
Isaías 26:20-21

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