14 Julio

La Respuesta del Cielo

(Dn. 9:20-22)

Cuando una persona clama a Dios desde la Tierra como lo hizo Daniel, el cielo no guardará silencio por mucho tiempo. Daniel pidió a Dios, “hazlo, no tardes” (v.19), y Dios respondió conforme a la fe de Daniel. El profeta reconoce que la respuesta de Dios fue inmediata: “Aun estaba hablando y orando” (v.20) cuando Gabriel vino con la respuesta del cielo (v.21b). Daniel repite la frase al inicio del v.21 para resaltar la rapidez con que Dios respondió a la oración de Su siervo.

En Isaías 65:24 Dios hizo una promesa a Su pueblo, diciendo: “Y antes que clamen, responderé Yo; mientras aun hablan, Yo habré oído”. El contexto de esta promesa es la predicción del futuro glorioso de Israel. Sin embargo, Daniel experimentó el cumplimiento de esa promesa durante su vida como un anticipo del reino de Dios.

REFLEXIÓN

Cuando Dios ve que nuestros corazones están verdaderamente cargados por algo y le clamamos de todo corazón por ello, Él no pasa por alto nuestra necesidad de una respuesta rápida. Por lo tanto, aprendamos a orar con fervor. Sin embargo, recordemos que Daniel no estaba pidiendo por algo personal sino por algo que sería para la gloria de Dios. Hay muchas personas que oran con pasión por sus necesidades, pero no oran con la misma pasión cuando se trata de las cosas del reino de Dios. Aprendamos a buscar primero el reino de Dios y a clamar con pasión por ello (Mt. 6:33).

La respuesta de Dios vino en la forma de un mensaje profético comunicado por el ángel Gabriel (vv.24-27). Como veremos después, el mensaje de Gabriel es una de las profecías más importantes en toda la Escritura. Alguien lo ha llamado “la columna vertebral de la escatología bíblica”. Daniel tuvo el privilegio de escuchar un resumen de los propósitos escatológicos de Dios.

Es interesante notar que Daniel describe a Gabriel como un “varón”, no un ángel (v.21). El uso de la palabra “varón” se debe a la forma humana que Gabriel adoptó cuando se manifestó a Daniel. Tenía la forma de un hombre.

Según la RV, el ángel Gabriel se acercó a Daniel, “volando con presteza” (v.21b). El problema con esta traducción del texto original es que si Gabriel apareció como un varón, ¿cómo pudo venir volando? Un análisis lingüístico del texto indica que el verbo en hebreo significa ‘estar cansado o fatigado’. En Isaías 40:28, la RV traduce el mismo verbo, “desfallece”, y en Isaías 40:30, “se fatigan”. Además, en el idioma original el adverbio “presteza” también significa ‘fatiga’. Por lo tanto, habría que traducir el texto en la siguiente manera: “fatigado con fatiga”.

Dicha traducción del texto original indica que la frase no se refiere a Gabriel sino a Daniel. Luego de un día de ayuno y oración, Daniel estaba exhausto. Por eso, la BDLA traduce el v.21 en esta manera: “todavía estaba yo hablando en oración, cuando Gabriel, el hombre a quien había visto en la visión al principio, se me acercó, estando yo muy cansado, como a la hora de la ofrenda de la tarde”.

Recordemos que el capítulo ocho de Daniel concluye con las siguientes palabras: “Y yo Daniel quedé quebrantado, y estuve enfermo algunos días” (Dn. 8:27). Recibir revelaciones celestiales no fue un trabajo fácil para Daniel. Por su edad avanzada, el profeta ya no tenía muchas fuerzas y se cansaba fácilmente. Por eso es comprensible que el trabajo de ayuno e intercesión en este capítulo dejó al siervo de Dios muy cansado.

El “sacrificio de la tarde” (v.21c) indica la ofrenda que los judíos presentaban a Dios cada tarde, a eso de las 3:00 pm. Los detalles de esta ofrenda se encuentran en Números 28:3-8. Lo extraño es que por casi setenta años no se hizo ninguna ofrenda en el templo de Jehová. Además, Daniel estaba en Babilonia, miles de kilómetros de Jerusalén. Sin embargo, tal era la devoción de Daniel a Dios que él marcaba el tiempo en Babilonia según el reloj del templo en Jerusalén. ¡Qué ejemplo de fidelidad y amor!

La tarea de Gabriel fue doble, como él mismo lo expresa: “darte sabiduría y entendimiento” (v.22). Daniel acaba de derramar su corazón delante de Dios suplicando el perdón de Dios y la restauración espiritual de Israel. Lo que él deseaba era que los judíos volvieran del exilio y reconstruyeran el templo y la ciudad de Jerusalén. Sin embargo, a pesar de haber reconocido que al pueblo de Dios le faltaba “entender Tu verdad” (v.13b), Daniel pasó por alto su propia falta de entendimiento. Él estaba preocupado por el cumplimiento de la Palabra de Dios acerca del retorno del exilio, pero Dios tenía algo mucho más grande en mente: acabar de una vez por todas con el pecado (v.24). La misión de Gabriel fue darle a Daniel el entendimiento que le faltaba para entender completamente los propósitos de Dios. Sin el entendimiento proporcionado por Gabriel en los vv.23-27 el profeta no lograría entender bien las visiones que Dios le había dado en Daniel 7 y 8 y la que le estaba por dar en Daniel 11-12. Los detalles de los imperios mundiales y el auge de Antíoco Epífanes no eran solo de interés histórico. Tenían que ver con la implementación del plan divino para la salvación del mundo. Dios quería que Daniel entendiera ello y por eso le envió el ángel Gabriel.

REFLEXIÓN

Como hijos de Dios debemos entender que los planes de nuestro Padre Celestial son enormes y abrazan la totalidad de la creación. Nuestras mentes limitadas no nos permiten entender fácilmente la dimensión cósmica de los propósitos de Dios. Sin embargo, tenemos la responsabilidad de estudiar toda la revelación divina para poder ampliar nuestras mentes y entender mejor lo que Dios está haciendo por medio de la historia humana y los eventos que ocurren alrededor nuestro. No necesitamos el ministerio de un ángel como Gabriel para ayudarnos a entender porque tenemos algo mucho mejor: las Escrituras en su totalidad y el Espíritu Santo quien nos ayuda a entenderlas. Lo único que nos falta es hacer un mayor esfuerzo por estudiar la Palabra de Dios y la humildad necesaria para pedirle a Dios que nos ayude a entender lo que Él está haciendo en el mundo en que vivimos. Tomemos un momento ahora para pedirle a Dios estas cosas.

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