15 Febrero

La Convocatoria Universal

(Dn. 3:2-3)

Ezequiel se postró espontáneamente ante la gloria de Dios (Ez. 3:23). Esa no fue la reacción de la población de Babilonia ante la estatua de Nabucodonosor. Para que los ciudadanos se postren delante de la imagen de oro, el rey tuvo que convocar a todos bajo amenaza de muerte. Por espléndida que haya sido la imagen, no provocaba adoración. La estatua era hecha de materiales tomados de este mundo. Aunque impresionaba, no generó asombro, temor o reverencia como lo hizo la presencia del Dios eterno en Ezequiel 3.

Deseoso que todos admiren y honren su estatua, Nabucodonosor convocó a los líderes de la sociedad; a los “sátrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces” (v.2a). Además, citó con carácter de fuerza a “todos los gobernadores de las provincias” (v.2b). Nabucodonosor no quería que nadie falte. Todos tenían que asistir a “la dedicación de la estatua” (v.2c).

En el idioma original, la palabra, “dedicación”, es ‘hanukka’. Este término tiene connotaciones religiosas. La dedicación de la estatua seguramente fue acompañada por rituales culticos, tal como leemos en Esdras 6:16 y 17. En el caso de la dedicación del templo en Jerusalén, el culto fue ofrecido al Dios verdadero; en el caso de esta estatua de Nabucodonosor, el culto fue ofrecido a los dioses falsos de Babilonia.

La creación de la estatua apuntaba al deseo de Nabucodonosor de consolidar su reino. El imperio de Babilonia consistía de un conglomerado de “pueblos, naciones y lenguas” (v. 4). Lo que él quería hacer era forjar una mayor unidad política; y para ello usó la religión. Al ordenar a todos a asistir a la dedicación de la estatua, Nabucodonosor estaba imponiendo sobre el imperio una unidad religiosa, con la esperanza de forjar una mayor cohesión política y lealtad a él. Un rey, un imperio, una fe oficial.

Ante la orden del rey, todos tuvieron que dejar sus quehaceres para asistir a la celebración de la estatua. Eso exigió una gran movilización de personas en todo el imperio. Notemos una diferencia que aparece entre el v.2 y el v.3. En el v.2, leemos que el rey dio la orden “que se reuniesen” los líderes del imperio. Sin embargo, en el v.3 la RV usa la voz pasiva, “Fueron, pues, reunidos”. Ese cambio gramatical da a entender que hubo cierta resistencia a la orden del rey. No todos querían asistir a la celebración. Sin embargo, dado a que el rey lo ordenó, todos tuvieron que asistir. Bajo la presión de la orden imperial, todos se vieron obligados a viajar a Dura para la ceremonia.

La última parte del v.4 describe un cuadro impresionante. Todos los líderes de la sociedad babilónica “estaban en pie delante de la estatua”. De buena voluntad o de mala gana, todos tuvieron que someterse a la voluntad del rey.

Eso nos lleva a reflexionar sobre dos grandes verdades:

i. En la actualidad, Satanás está convocando a todo el mundo a estar de pie delante de una estatua que él ha erigido; la “estatua” del materialismo y el secularismo. Por todos lados somos testigos de cómo la raza humana se postra ante los dioses modernos del entretenimiento y el consumismo . Pocos se resisten al llamado diabólico que hunde a la raza humana en el vicio del materialismo que está destruyendo el planeta tierra.

ii. Un día, el Dios eterno emitirá un llamado universal a dejar de adorar a los dioses falsos de este mundo para estar de pie ante el gran Cordero de Dios, el León de Judá; el Señor Jesucristo. Todos tendrán que responder a ese llamado, quiéranlo o no. Como escribe el apóstol Pablo:

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”
Filipenses 2:9-11

El apóstol Juan describe la escena en el quinto capítulo de Apocalipsis.

“Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.”
Apocalipsis 5:13

REFLEXIÓN

La pregunta que tenemos que contestar es la siguiente: ¿A qué dios queremos adorar? ¿Nos uniremos a la gran masa de la humanidad que se postra ante los dioses de este mundo; o nos resistiremos al llamado de este mundo para postrarnos ante el Dios vivo y verdadero? Pidamos a Dios la gracia para ver la gloria, la majestad, el poder y la magnificencia de Cristo. Sólo eso nos dará la fuerza para resistir la presión del ‘mundo’ y de la ‘carne’. Alistemos nuestros corazones para ese momento trascendente cuando veremos a Cristo en toda Su gloria.

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