14 Febrero

La Gloria de Dios y la Gloria del Mundo

(Dn. 3:1)

Es interesante cotejar este versículo con lo que leemos en Ezequiel 3:22-23,

“Vino la mano de Jehová sobre mí, y me dijo: Levántate, y sal al campo, y allí hablaré contigo. Y me levanté y salí al campo; y he aquí que allí estaba la gloria de Jehová, como la gloria que había visto junto al río Quebar; y me postré sobre mi rostro”

En este pasaje, la palabra “campo” es la misma que tenemos en Daniel 3:1 (“llanura”). Lo interesante es recordar que Ezequiel también estaba exiliado en Babilonia, al mismo tiempo que Daniel. Así que, mientras Nabucodonosor construía una enorme estatua en la planicie de Dura y ordenaba a todos a adorarla, el Dios de la gloria se manifestaba en otra llanura para hablar a Su siervo. Ante la impresionante manifestación de la gloria de Dios, Ezequiel se postró sobre su rostro y adoró espontáneamente. No esperó que alguien le obligara a hacerlo.

REFLEXIÓN

Estos dos pasajes señalan la decisión que todos tenemos que tomar. Nabucodonosor y su estatua representan el ‘mundo’, que se impone ante nuestra vista en toda su gloria y nos invita a adorarlo. Al mismo tiempo, Dios se manifiesta en la gloria de Cristo y nos invita a adorarle a Él. La pregunta es, ¿a quién vamos a adorar? ¿Ante cuál de estas dos ‘glorias’ nos vamos a postrar? Pablo fue claro al respecto. Ante la tentación de gloriarse en las cosas del mundo (Gá. 6:12-13; Fil. 3:4-6), exclamó:

“Pero lejos esté de mi gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí y yo al mundo”.
Gálatas 6:14

En otro pasaje añade:

“Pero cuantas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”.

Filipenses 3:7-8

Hay un detalle más que debemos notar. Tal como la imagen que Nabucodonosor vio en Daniel 2 tenía pies hechos de hierro y barro cocido, la estatua que él confeccionó en Daniel 3 tenía una debilidad en los pies. Sólo era seis codos de ancho (v.1b); es decir, la base de la gigantesca estatua sólo medía dos metros con setenta centímetros. Eso significa que a pesar de todo su esplendor, la estatua de Nabucodonosor era inherentemente inestable.

Así es la gloria de este “mundo”. Como lo afirma el apóstol Juan: “todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida… pasa” (1 Jn. 2:16-17). Con justa razón, Diego Ibárcena del ministerio “MasQpalabras” escribió una canción espiritual que afirma:

“El brillo de este mundo se opaca ante Ti;
La gloria de esta tierra nada es.
Todo cae en Tu presencia oh Rey;
Hermosa es Tu presencia Señor”.

Siglos después que haya acabado este mundo efímero y se haya esfumado toda su gloria, el esplendor de Cristo brillará por toda la eternidad. Resplandecerá en la “llanura” de la nueva creación, ante la vista de un número incontable de ángeles y redimidos. Asegurémonos ser parte de esa eterna celebración espiritual.

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2 comentarios para 14 Febrero

  1. Carlos Zarate Medina dijo:

    Un devocional de mucha bendición para mi vida y crecimiento espiritual , Dios siga bendiciendo a nuestro pastor Donelly por sus enseñanzas ,
    Esta siendo compartida aquí en Brasil , edificando vidas , gracias ACYMAS ,

    Responder

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