13 Febrero

La Estatua de Nabucodonosor

(Dn. 3:1)

No sabemos qué intervalo de tiempo hay entre los capítulos 2 y 3 de Daniel. Sin embargo, lo que leemos en este capítulo indica cuatro cosas:

– La imagen que Nabucodonosor vio en Daniel 2 dejó una impresión imborrable en su corazón. Tanto así, que decidió replicar la imagen en forma tangible para que todo el mundo la viera.

– El hecho de ser la cabeza de oro (Dn. 2:37-38) alimentó el orgullo del rey de Babilonia. Al pasar los meses, no se conformó con ser sólo la cabeza; aspiraba ser toda la estatua. Quería que la estatua lo representara exclusivamente a él.

– Al reflexionar sobre su propia grandeza e importancia, Nabucodonosor se olvidó de la impresión espiritual que el sueño produjo sobre él (ver Dn. 2:47). En ese momento se postró delante de Daniel (Dn. 2:46); ahora quería que todo el mundo se postrara delante de la estatua de oro que lo representaba a él (Dn. 3:5).

– Se sobreentiende que en la creación de la estatua estaba el deseo de Nabucodonosor de cambiar el destino. No aceptó lo que Dios había determinado; quiso forjar su propio futuro. Su deseo era relegar la ‘piedra’ de origen divino al olvido y fortalecer su propio reino terrenal.

REFLEXIÓN

La naturaleza pecaminosa que todos llevamos por dentro tiene una doble predisposición. Nos lleva a olvidar las buenas impresiones espirituales que el Espíritu Santo produce en nosotros y alimenta el orgullo latente en nuestros corazones. ¿Somos conscientes de ello? La única forma de contrarrestar esas tendencias que nos alejan de Dios es cultivando las impresiones espirituales que Dios genera en nuestros corazones, rechazando cualquier pensamiento que alimenta el orgullo.

Habiendo visto la estatua en su mente, Nabucodonosor decidió hacerla realidad. Mandó construir “una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos” (v.1a). Era una estatua enorme. Sesenta codos equivalen a una altura de veintisiete metros; el tamaño de un edificio de once pisos.

Además de ser alta, la estatua era costosa; fue hecha de oro. No necesariamente de oro sólido. Lo más probable es que la imagen fue hecha de piedra o madera y recubierta de oro. Sin embargo, aun así la cantidad de oro empleado costaría una fortuna.

Además de ser alta y costosa, la estatua era visible desde lejos. Nabucodonosor se aseguró de ello al ordenar que la imagen fuera erigida “en el campo de Dura” (v.1c). En el idioma original, la palabra “campo” significa “llanura”. Es el mismo término que Moisés usa para describir el lugar donde construyeron la torre de Babel (“una llanura en la tierra de Sinar”, Gn. 11:2). Sinar, al igual que Dura, quedaba en la provincia de Babilonia (v.1d). La estatua de Nabucodonosor reflejó el mismo espíritu que promovió la construcción de la torre de Babel.

REFLEXIÓN

La Biblia enfatiza que no hay nada nuevo bajo el sol. El ser humano tiene la tendencia de rechazar lo que Dios hace y reemplazarlo por lo que él quiere hacer. Dios tiene una gloria intrínseca que Él se propone manifestar ante toda la creación. Pero la raza humana desea crear su propia gloria y poner la gloria de Dios a un lado. Piensa que lo está haciendo libremente; no se da cuenta que simplemente está siguiendo la corriente de este mundo, bajo la influencia de Satanás (Ef. 2:2). Dios nos ayude a rechazar las diversas ‘torres de Babel’ que se están construyendo por todas partes. Pongamos nuestra mirada en la gloria eterna del reino de Dios (Heb. 11:8-10).

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