23 Diciembre

“La Bendición de Israel”

(Deut 33:28-29)

Aquí tenemos las últimas palabras de este gran siervo de Dios. Moisés termina su vida bendiciendo al pueblo de Dios, a quien dedicó cuarenta años de vida y ministerio. Habiendo bendecido a cada tribu, ahora bendice a la nación entera.

Lo primero que afirma es: “Israel habitará confiado” (v.28a). Morará en la Tierra Prometida con gran tranquilidad porque Jehová es quien defiende a Su pueblo (v.27). Como promete el profeta Isaías, “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en Ti persevera; porque en Ti ha confiado” (Is 26:3). La obediencia y la fe son los dos pilares de una vida de tranquilidad interna. Por fuera puede haber tormentas; pero el alma de aquel que confía en Jehová disfrutará una preciosa paz.

REFLEXIÓN

¿Estamos disfrutando esa paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento (Fil 4:7)?

Israel no sólo tendría paz sino también muchas bendiciones. Estas incluyen:

– Tener la posesión exclusiva de la Tierra Prometida (“la fuente de Jacob habitará sola”, v.28b). La frase, “la fuente de” significa ‘los descendientes de’. Tenemos una imagen verbal parecida en Sal 68:26 e Is 48:1. En el idioma original, la expresión “la estirpe de Israel” (Sal 68:26) es “el manantial de Israel”. De igual modo en Is 48:1, donde tenemos la frase “los que salieron de las aguas de Judá”. El cuadro es de una persona (en este caso Jacob) de quien ‘fluye’ una gran cantidad de descendientes. Ya no son sólo como los granos de arena a las orillas del mar o como las estrellas en el firmamento; son también como las moléculas de agua en un manantial.

El privilegio para Israel es que ellos no compartirían la Tierra Prometida con ninguna otra nación. Como predijo Balaam,

“He aquí un pueblo que habitará confiado
Y no será contado entre las naciones.”
Núm 23:9

Es decir, Israel no sería parte de una lista de naciones que habitaban en la tierra de Canaán por la sencilla razón que nadie más estaría en esa tierra.

– Habitarán, “En tierra de grano y de vino” (v.28c). El grano y el vino eran los dos productos agrícolas de mayor importancia. Del trigo y de la uva los hijos de Israel producían el pan y el vino, que era su alimento diario.

– La producción agrícola estaba garantizada porque “sus cielos destilarán rocío” (v.28d). En el idioma original, el verbo significa ‘gotear’. Día tras día, gracias a la bendición de Dios, los cielos gotearían el agua que la tierra necesitaba.

Con razón Moisés exclama, “Bienaventurado tú, oh Israel. ¿Quién como tú, pueblo salvo por Jehová…?” (v.29a). Los descendientes de Jacob tenían el gran privilegio de ser la nación escogida por Dios y protegida por Él. Jehová los salvó de Egipto, los salvó en el desierto, y les salvaría de las naciones enemigas en Canaán.

REFLEXIÓN

Meditemos por unos momentos sobre todo lo que Dios ha hecho a favor nuestro. Exclamemos, “Bienaventurado tú, oh ……………..”, añadiendo nuestro nombre en el espacio. ¡Cuántas cosas ha hecho Dios por nosotros!

Moisés declara que Jehová es el “Escudo de tu socorro y espada de tu triunfo” (v.29b). El escudo protege y la espada ataca. De esa manera, “tus enemigos serán humillados y tú hollarás sobre sus alturas”, afirma Moisés (v.29c).

El pueblo de Israel comenzó a experimentar esta victoria cuando conquistaron la ciudad de Jericó. Luego lo siguieron experimentando a lo largo de la conquista de la Tierra Prometida. Al final, todos sus enemigos fueron derrotados y humillados. Las naciones paganas tuvieron que reconocer que Jehová es el único Dios verdadero.

Esta debe ser la experiencia de todo creyente, en su lucha contra los enemigos espirituales: la “carne”, el “mundo” y Satanás. Si confiamos en Dios, Él será nuestro escudo protector. Su Palabra será nuestra “espada”. Y al final, humillaremos a todos nuestros enemigos, derrotándolos en el nombre del Señor.

REFLEXIÓN

¿Estamos disfrutando la protección de Dios y la victoria sobre el pecado? De no ser así, ¿cuál es el problema? Pidamos a Dios la sabiduría para discernir por qué no estamos logrando una mayor victoria en nuestra vida espiritual. Según Pablo, debemos ser “más que vencedores”.

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