11 Octubre

“Las Primicias”

(Deut 26:1-4)

Este capítulo marca el fin de la sección principal de Deuteronomio que comenzó en Deut 4:44. Es una suerte de apéndice y está en tres partes:

i. Las primicias (vv.1-4), y una declaración acerca del accionar de Dios a favor de Su pueblo (vv.5-11).
ii. Los diezmos (v.12), y un testimonio de compromiso con Dios (vv.13-15).
iii. Un resumen de la relación entre Dios e Israel (vv.16-19).

Dios ordenó a Su pueblo que cuando entrasen a la Tierra Prometida y tomaran posesión de ella (v.1), debían ofrecerle al Señor “las primicias de todos los frutos que sacares de la tierra” (v.2a).

Es importante recordar que el pueblo de Israel conquistó una tierra ya habitada. Heredaron no sólo la tierra, sino las cosechas de los pobladores (ver Deut 6:10-11; 8:7-8; Josué 5:11-12). Por eso, en señal de agradecimiento a Dios los hijos de Israel tenían que presentarle las primicias de todas las cosechas de los territorios conquistados.

Lo que hicieron al ingresar a la Tierra Prometida lo tenían que hacer cada año. Moisés ya reglamentó eso en Lev 23:9-14 y Deut 16:9-12. La Fiesta de las Semanas fue la fiesta de las primicias. Lo que tenían que hacer era poner las primicias en una canasta, y llevarlas al santuario central (v.2b). Lev 23:10 indica que debía ser una gavilla. Allí tenían que presentarse ante el sumo sacerdote (“al sacerdote que hubiere en aquellos días…”, v.3a), haciendo una declaración solemne: “Declaro hoy a Jehová tu Dios, que he entrado en la tierra que juró Jehová a nuestros padres que nos daría” (v.3b).

Era un momento solemne. Cada jefe de familia tenía que hacerlo, reconociendo la fidelidad de Dios. Él había cumplido Su palabra, y por lo tanto cada familia en Israel estaba endeudada con Él. Las primicias eran la señal de esa deuda. El pueblo las ofrecía en reconocimiento que todo lo que tenían venía de Dios.

Otro propósito de los primeros frutos fue dar al Señor lo mejor de la cosecha. Según la ley, los hijos de Israel tenían que abstenerse de comer de los frutos de la tierra hasta haber entregado al Señor las primicias (Lev 23:14).

El deber del sacerdote era tomar la canasta y ponerla “delante del altar de Jehová tu Dios” (v.4). La ponía delante de Dios como un acto de adoración. Dios no necesitaba los alimentos; lo que quería era ver en Su pueblo un espíritu de agradecimiento y un reconocimiento de que sus vidas dependían de la fidelidad de Dios.

NOTA

Los cananeos también tenían rituales religiosos relacionados con la vida agrícola. La gran diferencia entre el culto de los cananeos y el culto de Israel era que los cananeos presentaban a sus dioses ofrendas con el fin de obtener mejores cosechas, mientras que Israel presentaba ofrendas a Jehová en agradecimiento por lo que Él les había dado. Los hijos de Israel ofrecían a Dios un culto caracterizado por la adoración (ver v.10), mientras que los cananeos ofrecían un culto egocéntrico, centrado en sus propios deseos y necesidades.

Luego de haber presentado las primicias delante del Señor, los levitas podían comer de ellas (ver Núm 18:11-13 y Deut 18:4-5). Ese era su privilegio, como siervos de Dios, llamados al ministerio espiritual en Israel.

REFLEXIÓN

¿Reconocemos la bondad de Dios en nuestras vidas? Si nos tocara hacer una declaración como la hizo Israel, ¿cómo completaríamos esta oración: “Declaro hoy a Jehová que…”? Hagamos una lista de todas las bendiciones que Dios nos ha dado en cumplimiento de Su palabra. ¿Qué le podríamos dar al Señor por todo lo que Él ha hecho por nosotros? Sigamos el ejemplo del Salmista, quien dijo: “¿Qué pagaré a Jehová por todos Sus beneficios para conmigo? Tomaré la copa de la salvación, e invocaré el nombre de Jehová. Ahora pagaré mis votos a Jehová delante de todo Su pueblo” (Sal 116:12-14).

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