¡Ser fructífero es fantástico!

Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa”. (Juan 15:11)

En Juan 15, Jesús dice que ser fructífero es fantástico. En realidad, el tema de Juan 15 es que Jesús desea que tengamos vidas fructíferas. Observe el versículo 16: “No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre”.

Permítame compartir con usted lo que yo considero que significa ser fructífero, según la Biblia. Cuando Dios habla en su Palabra de una vida fructífera, habla de actitudes positivas, activas. El pasaje de Biblia que habla del fruto del Espíritu, Gálatas 5:22-23, es el principal texto sobre la vida fructífera: “En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio”. Fructificar es mostrar actitudes activas y positivas diariamente en nuestra vida. Cuando eso sucede, comenzamos a sentir un gozo real y a ver que suceden cosas maravillosas. Cuando unimos estas actitudes, aparecen cinco “RP”.

Primero, hay resultados positivos. Cuando comenzamos a inyectar estas actitudes en nuestra sociedad, en nuestra iglesia, en nuestra familia, veremos resultados constructivos.

Tendremos relaciones positivas. Comenzaremos a desarrollar relaciones fructíferas con los demás.
Veremos reacciones positivas, especialmente en áreas que anteriormente eran problemáticas para nosotros. Veremos que recibimos reacciones saludables cuando comencemos a tener actitudes activas y positivas.

Recibiremos reafirmaciones positivas. La vida es como un espejo: lo que vemos es lo que mostramos; lo que sacamos es lo que hemos puesto. Cuando alentemos a los demás, descubriremos que ellos nos alentarán a nosotros. Las actitudes son contagiosas.

Finalmente, tendremos un regocijo positivo. Eso es lo que Jesús dice en Juan 15:11: “Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa”. Muchas veces las personas me dicen que no son felices, que no se sienten realizadas. Hablan de que no tienen gozo en sus vidas. Tengo la impresión de que la búsqueda del gozo se ha convertido en el propósito de sus vidas; pero el gozo (o la felicidad, o la realización personal) no viene a nosotros cuando lo buscamos, sino cuando ponemos en práctica los principios correctos. Es una consecuencia natural de hacer lo correcto.

Cuando vivimos según los principios correctos, comenzamos a amar los principios correctos. La mayoría de las veces queremos “amarlos” primero. Queremos enamorarnos de lo que es correcto y que luego nos suceda. Pero esto funciona al revés. Cuando aprendemos lo que es correcto y vivimos de acuerdo con eso, entonces comenzamos a querer hacerlo, entonces experimentamos la consecuencia, que es el gozo.

 LA FUENTE 

En Juan 15:1-10, Jesús nos da los principios para una vida fructífera. Estudiémoslos juntos. Primeros, nuestro potencial para una vida fructífera es ilimitado, debido al lugar de donde proviene. Jesús comienza diciendo: “Yo soy la vida verdadera” (v. 1) Jesús es la fuente. Cuando comprendemos esto, comprendemos por qué Pablo podía decir: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Damos fruto cuando tomamos de la fuente correcta.

Un abuelo comentaba el significado del pasaje de Miqueas 6:8 con su nieto de siete años: “¿Y qué es lo que demanda el SEÑOR de ti, sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios?” (Biblia de las Américas). El niño, que estaba memorizando el versículo, dijo: “Abuelo, es difícil ser humilde si uno realmente anda con Dios”. ¡Qué gran declaración teológica, dada por un niño de siete años! Cuando comencemos a captar siquiera un atisbo de los ilimitados recursos que están a nuestra disposición —el poder de Dios mismo—, entonces, y solo entonces, sentiremos la seguridad de que estamos plenamente equipados para hacer todo lo que Dios nos llame a hacer.

Hudson Taylor, el gran misionero a la China, dijo: “Muchos cristianos evalúan las dificultades a la luz de sus propios recursos, y por lo tanto, se atreven a muy poco, y siempre fallan. Todos los gigantes han sido hombres débiles que hicieron grandes cosas para Dios porque confiaron en que su poder y su presencia estarían con ellos”.

Como David, que dijo: “La batalla es del SEÑOR” (1° Samuel 17:47), también nosotros debemos comprender que Jesús es la fuente donde se origina nuestro poder, y que podemos estar conectados directamente a Él.

 EL CUIDADO DE NUESTRO DUEÑO

En este pasaje bíblico, Jesús dice que tenemos potencial para vivir una vida fructífera no solo debido a la fuente de la que proviene nuestro poder, sino en razón de quien nos cuida. Así como Jesús es la fuente, el Padre es el labrador.

El labrador cuida de la vid; es un hombre hábil y conocedor, un experto en el cultivo de uvas. Pero en este pasaje, además, es el dueño de la vid. Cuando alguien es dueño de algo, tiene un interés personal en ello. Es alguien que tiene un compromiso, algo más que conocimiento y habilidad. Como ramas, no solo tomamos el poder o la energía de la vid, sino que también tenemos a Dios que nos supervisa, nos cuida y nos prepara para ser productivos y fructíferos.

Usted probablemente haya notado que la persona que es dueña de algo, sea lo que fuere, siente un cierto orgullo que un mero observador no tiene. Cuenta un hombre lo siguiente: que cuando yo era niño, mi abuelo me llevaba a caminar por su granja. Mientras caminábamos y mirábamos a nuestro alrededor, él descubría belleza y singularidad en cosas que yo no me hubiera detenido a mirar dos veces. Él veía gran potencial en un granero destartalado al fondo de la casa; yo veía leña. Él me mostraba un viejo y herrumbrado tractor, y veía una máquina con posibilidades de ser útil; yo veía solo un montón de hierros oxidados. ¿Por qué? ¿Cómo podía ser que miráramos al mismo objeto y viéramos cosas diferentes? Él era el dueño de todo eso; yo no. La posesión marca la diferencia. Dios es nuestro dueño, y cuando mira nuestras vidas, las ve no como un mero observador, sino como un inversor.

  LIMPIEZA (LA PODA)

Nuestro potencial para una vida fructífera es grande, porque Jesús es la fuente. El hecho de que Dios cuide de nosotros y sea nuestro dueño aumenta el potencial. Una de las cosas que Dios hace, como labrador, es podarnos. Esta poda aumenta grandemente nuestro potencial para una vida fructífera. “Toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía” (v. 2). Dios, el labrador de la vid, quita todo lo que pueda ser obstáculo para que seamos fructíferos. Él sabe que si no quita las ramas muertas, todos nuestros recursos irán a producir más y más madera, y no produciremos fruto.

He descubierto que las personas productivas están continuamente siendo podadas, pasan por el proceso que Dios utiliza para hacernos más fructíferos. Y Dios sabe exactamente qué “podar” de nuestras vidas. Él es como el maderero profesional que, cuando los troncos se atascan en el río, se sube a un árbol muy alto, observa los troncos y descubre dónde está el problema. Después toma un cartucho de dinamita y hace volar esa parte, para que los troncos puedan continuar siendo llevados por la corriente.

Bueno, quizá yo no haría lo mismo. Yo probablemente me metería en el agua y comenzaría a empujar un tronco y otro hasta llegar al lugar donde está el problema. Pero Dios no pierde el tiempo en cosas secundarias. Él va directo al grano con su dinamita y hace volar solo las áreas de nuestras vidas que no son productivas. Dios corta ese “pecado que nos asedia” (Hebreos 12:1), sea lo que fuere que evita que lleguemos a ser las personas que realmente queremos llegar a ser.

 COMPAÑERISMO (AQUÉL QUE ESTÁ CON NOSOTROS)

Nuestro potencial para ser fructíferos también es tremendo a causa de quién es el que está con nosotros. En el versículo 4, Jesús habla de esto (y en realidad, el tema está presente en todo el pasaje): “Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí”. Diez veces, en los versículos 4 al 10, vemos la palabra “permanecer”. Básicamente, nos dice: “Mantente conectado con la vid, y todo estará bien”. Cuando Roberto Morrison iba hacia la China para ser misionero allí, el capitán del barco en el que viajaba, que no creía en su sueño, lo molestó durante todo el viaje. Cuando Morrison bajaba del barco, el capitán le dijo: “Supongo que usted cree que va a causar una gran impresión en China”. El misionero le respondió simplemente: “No, señor. Pero creo que Dios sí lo hará”. Morrison iba acompañado por Dios.

Esta presencia de Dios con nosotros debería darnos la misma clase de confianza que tenía el niño que vendía lápices de cinco centavos para reunir dinero con el fin de construir un hospital para la comunidad, que costaría 30 millones de dólares. Un día, una mujer abrió la puerta de su casa y el niño le preguntó: “Señora, ¿quisiera compararme uno o dos lápices? Estoy ayudando a construir un hospital de 30 millones de dólares para nuestra comunidad”. La mujer le dijo: “Querido, es una meta muy grande para un solo niño que vende lápices por una moneda”. El niño le respondió: “Señora, no soy yo solo. ¿Ve a ese niño que está en la acera de enfrente? Es mi socio y me está ayudando. En realidad, lo estamos haciendo entre los dos”. Este niño tenía una gran fe en un compañero que probablemente tuviera su misma edad. ¿No deberíamos nosotros tener esta clase de confianza en un Dios que no tiene igual, que nos acompaña y trabaja con nosotros para que nuestra vida sea fructífera?

 PROMESA (NUESTRA PROMESA)

También tenemos potencial para ser fructíferos por la promesa que se nos da en el versículo 7: “Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran,, y se les concederá”. Hay dos observaciones que quisiera realizar. Primero, la promesa es condicional: “si” permanecemos en Él. Segundo, lo que pedimos debe estar de acuerdo con su Palabra. Lo que Jesús está diciendo, en realidad, es que si permanecen en Él, nos deleitaremos en Él, tanto que solo pediremos cosas que estén de acuerdo con su voluntad. Me recuerda al Salmo 37:4: “Deléitate en el SEÑOR, y él te concederá los deseos de tu corazón”. El deleite viene antes que el deseo. Si me deleito en algo, ello determina lo que deseo. Si me deleito en Dios, mi deseo será hacer las cosas según su voluntad, y pedir según su voluntad. Muchas veces tratamos de hacer que este principio funcione al revés.

UN hombre cuenta parte de su vida y dice: Cuando yo era estudiante de la secundaria, una de mis tareas era lavar los platos después de la cena. Yo odiaba lavar los platos. En ese tiempo estaba saliendo con Margarita, y muchas veces la idea de verla por la noche era más importante que mi sentido del deber en mi casa, así que me metía en el auto y salía rápidamente antes que nadie se diera cuenta. Cuando llegaba a su casa, ¿se imagina qué estaba haciendo ella? Yo inmediatamente tomaba un repasador y comenzaba a secar platos… ¡y me encantaba hacerlo! La persona en quien yo me deleitaba lavaba los platos, y cuando uno realmente se deleita en alguien, disfruta de hacer aun aquellas cosas que normalmente no le gustan. Muchas veces nos falta el deseo porque no nos deleitamos lo suficiente. Dios promete que cuando nos deleitemos en Él, vamos a desear lo que necesitamos, y Él nos lo dará.

 PROPOSITO (EL PROPÓSITO DE NUESTRA VIDA)

Nuestro potencial para ser fructífero es grande debido al propósito que tiene nuestra vida. Lo vemos en el versículo 8: “Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos”. En otras palabras, fuimos creados para ser fructíferos. Ese es nuestro propósito. Mire el versículo 16: “No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para… ” ¿Para qué? “Para que vayan y den fruto”, es decir, para que tengamos actitudes activas y positivas en nuestras vidas. Hemos sido elegidos, puestos por Dios para tener una vida fructífera. Esas actitudes activas y positivas, como el amor, el gozo, la paz y la paciencia, deberían convertirse en parte de nuestras vidas. Cuando ellas se convierten en parte de nuestra vida interior, entonces comenzamos a compartirlas con los demás.

El problema con nosotros los cristianos es, muchas veces, que no mostramos estas actitudes positivas que pueden hacer que seamos sal y luz en el mundo. Se dice que cuando Berlín era dividida en Berlín Oriental, controlada por los comunistas, y Berlín Occidental, parte del mundo libre, un grupo de berlineses orientales arrojaron un camión de basura en el lado oeste. Al principio, los de Berlín Occidental pensaron en recoger toda la basura, ponerla en un camión, y arrojarla de vuelta en el lado oriental, apilaron prolijamente la carga, y pusieron un cartel que decía: “Cada uno da lo que tiene para dar”. Creo que realmente estaban predicando, ¿no le parece? Solo podemos dar fruto a los demás cuando vivimos una vida interior fructífera.

 OBEDIENCIA (EL FRUTO DE OBEDIENCIA)

Nuestro potencial para ser fructífero es formidable, debido a nuestra obediencia. Jesús dice en los versículos 7 y 10 que si permanecemos en Él y guardamos sus mandamientos, seremos fructíferos. Creo que la palabra clave aquí es la pequeña “sí”. Una taza tenia la siguiente frase: “Depende de mí que suceda”. Creo que es eso lo que Jesús dice. Dice que ser fructíferos depende de nosotros. En Juan 15, Jesús da por descontado que Él tendrá una relación fructífera con nosotros. En el versículo 6, dice: “El que no permanece en mí… “No dice: “Si yo no permanezco en alguno… “Él ya está ahí. Él tiene el poder. Tiene la fuerza. Tiene sabiduría para darnos. Tiene todos los recursos que necesitamos, y está dispuesto a dárnoslos. Lo único que necesitamos hacer es conectarnos con Él.

¿Por qué no siempre permanecemos en Él? Por pura desobediencia. Comenzamos a pensar que podemos hacer las cosas por nuestra cuenta; comenzamos a tener una malsana confianza en nosotros mismos, en lugar de tener confianza en Cristo. Cuando no tenemos actitudes activas y positivas, es porque no estamos conectados con la vid. Los cristianos no deberían tener que “motivarse mentalmente” cada día, como hace el mundo, para tener actitudes activas y positivas. Cuando la relación con Cristo es la correcta, eso se vuelve tan natural como respirar. Jesús nos dice que cuando la relación es la correcta, comenzamos a vivir vidas fructíferas. Entonces comenzamos a ser realmente productivos.

 La Fórmula para ser fructíferos

En Juan 15, Jesús nos da una fórmula de solo tres palabras para ser fructíferos. Estas tres palabras son las que deseo que usted recuerde, porque son la clave de la vida fructífera. La primera es permanecer. A lo largo de todo el pasaje de Juan 15 se nos exhorta a permanecer. En realidad, esa es la traducción exacta de la palabra utilizada en el idioma original. Jesús habla de nuestra voluntad de tomarnos un tiempo con él para orar y estudiar la Palabra. Tenemos que permitir que Él comience a ser parte de nuestras vidas y trabaje en ellas.

La segunda palabra de esta fórmula es recibir. En Juan 15, Jesús dice que si permanecemos en Él, comenzaremos a recibir algunas cosas. Recibiremos una vida buena y fructífera.

La tercera palabra es reproducir. Si permanecemos en Él, recibiremos lo que tiene para nosotros. Cuando recibamos lo que Él tiene para nosotros, solo entonces, comenzaremos a reproducirnos.

UN SEGUIMIENTO FRUCTÍFERO

Quisiera darle un par de sugerencias para aplicar estas cosas en su vida. Primero, lo animo a comprometerse ya mismo a tener un estilo de vida productivo. Suba a la rama; allí está el fruto. Todos los grandes logros deben comenzar con una decisión inicial. Decídase a ser un cristiano fructífero, a comenzar a reproducirse para Cristo.

Segundo, siga la fórmula para ser fructífero que acabo de darle, y sígala cada día. Permanezca en Él; pase al menos quince minutos orando y meditando diariamente. Reciba: pase treinta minutos diarios leyendo la Palabra de Dios. Alimente su intelecto con cosas que le ayudarán a pensar en forma correcta y luego reprodúzcase. Busque a alguien (hágalo hoy, no mañana) con quién pueda compartir, quizá, aunque sea solo una de las verdades que aprendió en este capítulo. Compártala. Una de las formas más rápidas de crecer es decirle a otra persona lo que usted acaba de aprender. Cuanto más lo verbalice, más lo internalizará.

Tercero, haga una lista de las semillas que está plantando en su vida. ¿Qué cosas hace usted ahora, que le ayudarán a ser fructífero? Piense no solo en hoy, sino también en un año a partir de hoy, y cinco años a partir de hoy. ¿Qué invierte usted hoy en su vida, que le devolverá diez, treinta o cien veces más?

Cuarto, escriba algunos resultados positivos que se producen en su vida. Si está conectado con la vid, debería ver algunas evidencias de esa relación. ¿Recuerda las cinco “RP”? Deberían comenzar a ser visibles en su vida. Búsquelas. Escríbalas y llévelas con usted. A medida que comience a plantar buenas semillas en la tierra de su vida, seguramente comenzará a cosechar algunos beneficios positivos, posiblemente en o a través de personas que anteriormente han reaccionado en forma negativa. Comience a cultiva el suelo; plante algunas semillas eficaces y observe cómo las cinco “RP” vuelven a usted.

Recuerde el tema:

“Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa”. (Juan 15:11).

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